Jorge Arizmendi Diputado Distrito 1

Ni pantomima ni amenaza de bomba frenan la desición de los Diputados Priistas

Escrito por JAIME LUIS BRITO    
Viernes, 02 de Octubre de 2009 00:00  
CUERNAVACA. Las cartas estaban echadas y todo era cuestión de tiempo. Nueve horas después de que se instaló el quórum legal en el Congreso y después de una pantomima shaolín, una amenaza de bomba, confusión y caos, tortas, tacos, refrescos, chicles, muéganos, garapiñados, porras y porros, por fin se consumó el hecho de que Jorge Arizmendi García fue elegido por la mayoría priísta como su coordinador en el Legislativo.
De pronóstico reservado, la sesión de este jueves parecía más o menos regular. A las 10 de la mañana no cabía un alfiler en el salón de plenos. Unas mil personas, entre ellas un nutrido grupo de hombres con un listón verde en la muñeca o con sombrero en la cabeza, formaban un cinturón de seguridad en torno al área de curules.
A las 11 de la mañana con 38 minutos, el presidente de la mesa directiva, el priísta Andrés González García, pidió a la secretaría que pasaran lista. Se pasó. Uno, dos, tres, cuatro… 10… 15… 20… 21… Había quórum. El cuautlense, identificado con la corriente de Maricela Sánchez Cortés y Guillermo del Valle Reyes, tuvo que oficializar el quórum. Eran las 11:42 de la mañana. En el recinto estaban los ocho priístas que apoyan a Arizmendi, más Andrés; seis diputados del PAN, Tania Valentina del PT; los dos del Verde; los dos de Convergencia, Hortensia Figueroa del PRD y Othón Sánchez Vela de Nueva Alianza.
Luego vino la lectura y votación de la orden del día. 11:46 horas, se aprueba la orden del día y al mismo tiempo entra al recinto Fidel Demédicis Hidalgo, el coordinador del PRD. Su cara no es alegre. Llega hasta su curul al tiempo que la secretaría da cuenta de su presencia. Ya son 22 diputados en el salón. “Ya se chingaron”, se escucha entre el respetable.
Viene enseguida la aprobación del acta de la sesión anterior. Luego inicia el punto que concentra la atención de todos los presentes. “Comunicaciones”. Se leen entonces los oficios, cartas, notificaciones y demás que han llegado al Congreso. El presidente “da cuenta” de ellas y las envía al área que corresponda para “los efectos legales”. Llega la última. Es la más esperada.
El reloj marca 11:55 horas. El presidente Andrés González García se levanta de su curul, le pasa el micrófono al vicepresidente Othón Sánchez Vela. “No quiere dar cuenta él, le está pasando la responsabilidad a Othón”, se comenta entre los reporteros que han estado casando con las grabadoras el momento de la lectura.
El presidente se levanta, como en cámara lenta. Son las 11:56 horas. De la puerta derecha de acceso al área de curules, dos jóvenes nos regalan una pieza de pantomima al estilo de las viejas películas de shaolín. La acción dura unos segundos, pero sirve perfectamente como pretexto al presidente para “suspender la sesión por no estar garantizada la legalidad”.
Todo pasó muy rápido. Cuando los presentes se dan cuenta, el Congreso se ha convertido en teatro de farsa y el paso importante que esperaban los presentes, simplemente no se da, se esfuma y con ello la posibilidad de darle coherencia al trabajo legislativo, ese que había estado haciendo el Congreso al menos durante los primeros 15 días.
Los “agresores” se van. Tan campantes como llegaron. Alguien observa en este espectáculo grotesco, digno de las mejores piezas de teatro del absurdo, que los involucrados son gente identificada con Maricela Sánchez Cortés. Presumiblemente son regidores electos de Tlaltizapán. El hecho simplemente se concluye, fue un montaje instrumentado desde la supersecretaría, con el apoyo de la gente de seguridad del Legislativo y de otros servidores públicos.
A partir de ahí, la confusión. Los diputados del PRI, con la confusión reflejada en la cara, se trasladan al salón de comisiones. Los acompañan los seis diputados panistas. Los demás, los representantes del G-5, se apersonan en la oficina de Convergencia y hasta ahí llega Jorge Arizmendi García, Amado Orihuela Trejo y Fernando Martínez Cué. La negociación da inicio y durará hasta las 6 de la tarde, tiempo en el que salen por unos momentos del recinto, con la intención de recibir el paquete económico del gobernador, mismo que fue entregado al final en la Casa Cataluña, edificio del Congreso ubicado al norte de Cuernavaca.
A las 17 horas, una nueva estratagema. No conformes con la farsa matutina, llega la segunda, por la vía telefónica. Policías estatales y personal de Protección Civil del estado llegan a la puerta del Congreso y piden acceso. La gente del listón verde en la muñeca impide el paso. “Somos de Protección Civil, nos dijeron que hay una bomba, necesitamos desalojar el edificio y revisar”.
La gente impide el paso. Lo niega. No lo cree. Sabe, percibe que es un nuevo ardid. Después de unos minutos se van, incluido el propio Daniel Hernández Barenque, el mismísimo director de Protección Civil. “Sólo esperamos que sea falsa, si no lo es, lamentaremos lo que pase”, dice como advertencia-amenaza-consuelo.
Y resultó falsa. Lo más cercano a una bomba que hubo este jueves en el Congreso, fue una yucateca que recitó algún espontáneo o el cohete que algún simpatizante del supersecretario lanzó en plenos baños de hombres del Congreso. Nada más. Luego de esto último, 48 minutos después de la llamada de alerta, de plano llegó el ejército. El mayor Montes, del 21 Batallón de Infantería y otros 11 militares, arribaron al Congreso y ni siquiera se acercaron. Estuvieron unos minutos en la terraza y mejor decidieron retirarse.
Luego la espera. La gente hace bromas, grupitos, ya no quedan ni 200 de los mil que había por la mañana. Los reporteros pasan el tiempo lo mejor que pueden, unos sentados entre las curules escriben o lo intentan. Otros de plano se acuestan en la alfombra del recinto y cuentan chistes y chismes. Otros de plano mejor se van.
A las 20:30 horas, después de prácticamente nueve horas, reinicia la sesión. Están los mismos 22 de la mañana. Fernando Martínez Cué, toma el micrófono y pide a reporteros, asistentes, porristas, porros y demás, que se encuentran en el área de curules, que se pasen a las gradas, “porque ha sido una condición que ha puesto el presidente”, dice y luego señala con el dedo flamígero: “el diputado (Fidel) Demédicis, es el salvoconducto del presidente y nos ha pedido eso”, con ello y la sorna, ha puesto al coordinador parlamentario en un estatus de mandadero o recadero del priísta. Ni modo. Fidel se la traga.
“El presidente va a llegar”. “Tuvo que hacerlo, no creas que es de a gratis. Sabe que si no llega hoy, mañana lo estaremos destituyendo”, comentan los que saben. Sin embargo, los minutos pasan. Los chiflidos comienzan, sólo falta el tradicional grito de “cácaro”, pero nadie lo invoca, pues ya hay mucho cansancio para montajes teatrales.
Son las 20:38 horas. De plano Othón Sánchez Vela toma el micrófono y reinicia la sesión. Es el vicepresidente en funciones de presidente ante la ausencia de González García. Los presentes aplauden. Ordena el pase de lista. Son 22 diputados. Pide la palabra el diputado Omar Guerra Melgar, desde su curul hace una moción para dar cuenta de que en el recinto se encuentra la notaria pública Marinela Gándara, quien dará fé “de los actos en el recinto”. Hace notar que no están presentes el supersecretario Guillermo del Valle, ni los secretarios de servicios parlamentarios y finanzas.
Luego pide la palabra Gabriel Hadda Giorgi, priísta como quien le antecedió. Pide al presidente ponga a votación retirar de la orden del día los puntos 7, 8 y 9. “No tenemos los documentos”. El recinto es una congeladora. No hay personal, aprovechando la amenaza de bomba, ha sido desalojado todo el mundo, sólo el personal de seguridad, algunos de logística y de comunicación social se encuentran en el recinto. De hecho, debió ser rentado un equipo de sonido para llevar a cabo la sesión, porque todo lo del Congreso fue retirado y “no hay quien lo ponga”.
Se vota la moción y se sacan de la orden del día los puntos referidos. A las 20:43 horas, Luis Arturo Cornejo Alatorre, coordinador de Convergencia, se va del recinto. Fidel Demédicis va y presiona a Othón, le reclama en plena sesión que la haya reiniciado. “El acuerdo era que lo haría Andrés”, le espeta. Othón se aguanta. Tania Valentina del PT, llega en su auxilio. Ella y Fidel se traen de encargo de hace tiempo. La situación rebasa el asunto político. Su pugna pertenece al plano personal.
La sesión sigue. A las 20:45 horas, ya en asuntos generales, Fernando Martínez Cué presenta al pleno el acta circunstanciada y “debidamente notariada”, en la que ocho diputados revocan a Julio Espín como coordinador y nombran en su lugar a Arizmendi García. Hecho está. A las 20:50 horas, la sesión termina. Entre abrazos, los priístas se felicitan. En las gradas, la gente aplaude y hecha porras, los reporteros agradecen que por fin, este día, casi termine. Aunque todavía falta escribir.

Fuente
La Jornada Morelos